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En el desarrollo filogenético de la vida animal, hace unos
220 millones de años surgimos los mamíferos placentarios.
Cuando dábamos a luz, tras nuestra cría salía
un cordón umbilical, y unida a él, una masa sanguinolenta
que hoy llamamos placenta. La criatura despertaba un instinto de
atención y cuidados en la madre mayor que en sus predecesores,
porque algunas glándulas sudoríparas modificadas,
las glándulas mamarias maternas, serían forzosamente
las encargadas de suministrarle la nutrición necesaria. No
sabemos si el instinto de que las hembras se coman la placenta de
su cría surgió simultáneamente o a lo largo
del tiempo, pero es el caso que actualmente lo tienen gran número
de mamíferos, incluídos los herbívoros (fig.
1). Este fenómeno, conocido como placentofagia instintiva,
actualmente perdido en la especie humana, es objeto de especulación
científica. Se le han buscado diversas explicaciones, todas
ellas hipotéticas: (1) para cortar el cordón umbilical,
lo que inconscientemente se extiende a comer la placenta, e incluso
ocasionalmente a comerse la cría recién nacida, (2)
para no dejar restos que atraigan a insectos, predadores, y otros
vivientes potencialmente peligrosos, (3) para mantener limpio el
lugar del parto, especialmente si es una cueva, y (4) para no desperdiciar
una comida calóricamente nutritiva. Con nuestros conocimientos
actuales podemos añadir una quinta hipótesis, la ingestión
de un producto cuya importancia no radica en el poder calórico,
sino en su contenido en substancias estimulantes y protectoras.
Sea cual sea la razón de la placentofagia instintiva, cualquiera
de estas posibilidades no excluye a las otras. Lefebvre (192) cree
que la placentofagia está inducida por el gen Mest/Pegl,
en el cromosoma 7q32.

Fig. 1. Placentofagia. Vaca recién parida comiendo su placenta
y membranas fetales.
Placenta significa en latín torta o pastel, y recibió
este nombre por el aspecto externo de las bolsa de las aguas al
caer al suelo tras su expulsión. Corion es término
derivado del griego córion, que significa piel, cuero, y
que también se aplicó a todo el conjunto de la bolsa
formada por las membranas fetales, aunque hoy, en el lenguaje anatómico
científico el término corion sólo se aplica
a la membrana fetal externa. Amnion es un término griego,
amnion (amnion), diminutivo de amnóV (amnós), que
significó cordero y que por extensión, el término
amnion también se aplicó en la Grecia clásica
a la vasija que servía para recoger la sangre en los sacrificios
religiosos, y a la bolsa de las membranas fetales, pero que hoy
sólo se aplica a la membrana fetal interna. En español
se dijo amnion, pero actualmente es más frecuente expresarlo
como amnios, y bien merece la pena dedicar unas líneas al
tema de su terminación en «n» o en «s».
La primera vez que se cita este término en castellano lo
hace en 1551 el catedrático de la Universidad de Alcalá
Andrés Laguna (183,161). En 1766, el diccionario de Terreros
(332) lo cita en castellano como amnion, y añade que en francés
la lengua de la cultura en aquella época se dice
amnios. En inglés la lengua de la transmisión
científica tras la segunda guerra mundial The Oxford
English Dictionary lo recoge desde 1667 como amnion, añadiendo
que amnios es una forma erróneamente tomada del griego. Hemos
consultado el tema con la Profa. M.ª Dolores Jiménez,
de la Cátedra de Griego de la Universidad de Alcalá,
quien explica que en griego clásico, del substantivo amnoV
(amnós, cordero), se derivó el adjetivo amneioV (amneíos),
con algunas variantes como amneiós (amneiós) e incluso
amnioV (ámnios), que significó «corderil»
o «relativo al cordero», y que con el uso el adjetivo
ocasionalmente acabó substantivándose, pudiendo significar
«cordero». Añade que si la palabra griega nos
hubiese llegado a través del latín, diríamos
«amnio» (como actualmente se expresa en italiano), pero
que como se tomó directamente del griego en la Edad Moderna,
amnion es un cultismo correctísimo, mientras que amnios es
un galicismo, hoy aceptado por la Real Academia.
Amnion y corion son de origen fetal. El amnion limita por su superficie
interna el líquido amniótico en el que flota el feto,
y por su superficie externa reviste todo el corion y el cordón
umbilical. El corion se adhiere por su superficie interna al amnion,
y por su superficie externa a la decidua, que es de origen materno
(fig. 2). En el momento del parto, el amnion tiene un espesor medio
de 0,2-0,4 mm y el corion de aproximadamente el doble. El amnio-corion
que reviste el plato placentario es un poco más grueso. La
decidua, es de origen materno, y es la mucosa uterina de la madre,
transformada durante la gestación para conectar el útero
materno a la superficie externa del corion y del plato placentario.

Fig. 2. Membranas fetales humanas al término de una gestación
normal.
A. Amnion: tiene 3 capas: 1. Epithelium amnioticum: Capa monocelular
de células cuboideas, que contienen muchos gránulos
secretorios y vesículas pinocíticas. 2. Membrana basis,
formada por una lámina lúcida y una lámina
densa. 3. Stroma, subdividido en tres estratos: lámina compacta,
lámina fiboblástica y lámina spongiosa. Contiene
fibroblastos, colágena y otros componentes acelulares. La
lámina compacta es la que da mayor resistencia física
al amnion. El Amnion carece de vasos sanguíneos, linfáticos
y fibras nerviosas. B. Corion: 1. lámina cellularis. 2. lámina
reticularis. 3. membrana pseudobasis. C. Decidua: Es la mucosa uterina,
de origen materno, transformada durante la gestación. Tras
el parto algunos restos de ella quedan adheridos a la superficie
externa del corion.
PRIMEROS USOS DE LAS MEMBRANAS FETALES
Y PLACENTA EN MEDICINA
Hasta hace menos de un siglo, la causa más frecuente de
muerte por lesiones cutáneas extensas debidas a quemaduras,
causticaciones químicas y escaldados fue la hipotensión
producida por la pérdida de plasma a través de la
superficie dañada. Una destrucción dérmica
del 25% del cuerpo de una persona de 70 kilos de peso produce la
pérdida de unos 5 litros de plasma al día. Se ensayaron
diversos métodos para evitar esta pérdida: untado
de las áreas dañadas con manteca o con aceite, covertura
con goma latex o con parafina, etc. todo ello con mal resultado.
En 1910 Davis (66) sugirió usar amnion placentario para cubrir
estas lesiones cutáneas, y 3 años más tarde
Stern (325) usó la membrana amniótica para cubrir
la superficies cutánea en quemaduras corporales, y Sabella
(286), quien trabajaba con Stern, empleó el amnion y la superficie
del cordón umbilical en 5 casos de ulceraciones cutáneas
extensas, obteniendo buenos resultados.
En las décadas siguientes, la placenta, con o sin membranas
fetales, se usó para problemas diferentes, ya como recubrimiento
tectónico para hacer una vagina artificial (38,41,42), ya
como un estimulante biológico reconstructivo (91).
En la década de 1920, Filatov (fig. 3), tras observar que
algunas enfermedades mejoran en mujeres preñadas durante
los últimos meses de gestación pensó que la
placenta y las membranas fetales contienen estimuladores biogénicos.
También dirigió su atención a otros tejidos
animales y a algunos extractos vegetales, como los del género
Aloe (Aloe vera, etc.). En la década de 1930 usó placenta
y cordón umbilical para estimular los tejidos degenerados,
lo que utilizó inicialmente en pacientes con retinosis pigmentosa,
chorioretinosis myopica y degeneracion retiniana macular, y después
lo extendió a queratitis herpética, dermatosis, síndrome
de Alzheimer, y muchas otras enfermedades. Tras la segunda guerra
mundial los escritos e ideas de Filatov (92,93) atravesaron el telón
de acero político-militar y penetraron en los hiperosmóticos
países occidentales, donde su uso se extendió (71,117,241,19,
69). Algunos autores especificaron la importancia de incluir el
amnion de la placenta (71). El optimismo inicial se hizo muy controvertido
en los años siguientes, y prácticamente la tisuoterapia
feto-placentaria dejó de usarse en los países de occidente,
pero persistió en la URSS y países satélites
(282,282,155), donde con diversas variantes (amnio-corion, amnion,
placenta con o sin membranas fetales) persistió como estimulante
tisular o como cobertura mecánica (26). Curiosamente, el
origen del big bang del presente uso de la membrana amniótica
en oftalmología apareció hace tan sólo 10 años,
y no por su uso en quemaduras cutáneas y en cirugía
ginecológica, sino por una conexión directa de Rusia
a HispanoAmérica y después a NorteAmérica (fig.
4).

Fig. 3. Vladimir Petrovich Filatov (1875-1956).
Se graduó como médico en la Universidad de Moscú
en 1897. En 1936 fundó en Odessa (Ucrania, antigua URSS)
el Instituto de Enfermedades Oculares y Terapia Tisular. Sus principales
trabajos se refirieron a tisuoterapia estimuladora con tejidos animales
y vegetales, y a transplantes corneales.

Fig. 4. Placentoterapia. 1. Incisión de la conjunctiva y
cápsula de Tenon en el cuadrante infero-lateral, a 10-12
mm del limbo. 2. Introducción de una pieza de placenta del
tamaño de un guisante (tomado de Arruga (10)).
Entretanto, durante el medio siglo transcurrido entre la segunda
Guerra mundial y 1995, las membranes fetales se usaron en el mundo
occidental más como una cobertura tectónica que como
un estimulante biogénico, aunque a veces con la sospecha
de que la cobertura o reconstrucción física se complementaba
con algunas propiedades biológicas aditivas. En oftalmología,
los primeros tejidos que se habían usado para reconstruir
la conjuntiva de la superficie ocular fueron diversas membranas
orgánicas, tales como la misma conjuntiva (32), mucosa oral
(68), prepucio y labios menores de la vulva (58), mucosa vaginal
(324) y peritoneo (39), pero su uso no se extendió debido
a sus pobres resultados. Muchos años más tarde aparecieron
reconstrucciones conjuntivales con otras membranas orgánicas,
como pericardio (323,293) y pleura (252). El primer uso de membranas
fetales en oftalmología se publicó en 1940 por de
Rötth (68), quien usó membrana fetal de espesor total
(amnion + corion) para reparar 8 casos de simbléfaron (7
por quemadura y 1 por pénfigo), y para agrandar y mantener
el hueco orbitario en 2 casos. En los casos de simbléfaron
hacía una perilimbotomía, y después cubría
la córnea, la esclera y la superficie posterior de los párpados
con membrana fetal total y la suturaba a los tendones musculares
para reformar la superficie ocular y los fórnices. Ocasionalmente
añadía una lente de contacto de cristal, que mantenía
una semana. Obtuvo malos resultados por la retracción del
implante, salvo en un caso que consideró un éxito.
Puede ser, aunque no lo dejó claramente expresado, que De
Rötth no solo pensó en una acción tectónica
de cobertura sino que sospechó una estimulación biológica,
pues en uno de sus casos de reconstrucción de la cavidad
orbitaria intentó obtener la reepitelización de esta
cavidad rellenándola con vernix caseosa, la capa sebácea
que recubre la piel del feto.
En 1941, Brown (39) intentó reconstruir la superficie orbitaria
con otras membranas animales, como peritoneo de conejo, pero fueron
Sorsby et al (317,318) quienes volvieron a usar membrana amniótica
en 1946 y 1947. Estos autores trataron con cobertura de membrana
amniótica 58 casos de causticaciones oculares, 43 de ellas
debidas a quemadura por cal, y el resto por otros cáusticos,
pero sólo lo aplicaron para reparar la conjuntiva y evitar
o reparar la retracción fornicial y simbléfaron. Utilizaban
varias capas de amnion y suturaban la pieza resultante a la conjuntiva
vecina. A las 4 horas el injerto se hacía transparente, y
al tercer o cuarto día hacían la rafectomía
o eliminación de suturas. No consideraban conveniente cubrir
la superficie corneal porque pensaban que podía perjudicar
la córnea y aumentar su nebulosidad (317), cosa ésta
que no les ocurrió en todos los casos. Sorsby et al no escribieron
apenas sobre el mecanismo de acción biológico, expresaron
que la membrana amniótica no estimula el crecimiento, sino
que actúa como un entablillado interno para la proliferación
del tejido (318) y que aunque la separación mecánica
de las superficies causticadas juega un papel, el rápido
efecto del amnion sugería un efecto biológico que
era más importante que el mecánico (317).
El mismo año 1946, Lavery (185) publicó otra aplicación
reconstructiva de la superficie en un paciente que tuvo una salpicadura
de cal en un ojo. Fue tratado con irrigación y atropina tópicas,
y con una banda de «amnioplastina» que se le colocó
4 días después. A las 3 semanas la opacificación
de la córnea se redujo marcadamente.
Diecinueve años después, en la discusión de
una presentación de Roper-Hall (283), Sikka (308) manifestó
que durante los dos últimos años había hecho
implantes de membrana amniótica en pacientes con quemaduras
de la superficie ocular, para prevenir la adhesión de estas
superficies. Este cirujano adhería la membrana amniótica
a un anillo de Flieringa el cual lo introducía en la cuenca
lacrimal, de forma que el anillo quedaba expandiendo los fórnices
conjuntivales y la membrana cubriendo toda la superficie. No tapaba
el ojo durante los 3-4 días en que mantenía el anillo.
En 1985 Steinkogler et al (323) usaron membrana amniótica
liofilizada para reconstruir defectos conjuntivales en conejos.
Tras la segunda Guerra Mundial, el inglés pasó a
ser la lengua de la difusión científica, pero no se
volvieron a hacer más publicaciones oftalmológicas
en esta lengua hasta 30 años después, de manera que
la reconstrucción física de la superficie ocular permaneció
prácticamente desconocida para los oftalmólogos. Bruscamente,
en 1995 se inició la gran explosión del uso de membrana
amniótica en oftalmología. ¿Cómo ocurrió?
¿qué pasó para hoy cada año se publiquen
más trabajos sobre membrana amniótica en oftalmología
que en todas las otras especialidades médicas juntas?
Las cosas pasaron así. En 1989, Horacio Serrano, un oftalmólogo
español nacionalizado en Venezuela, presidente de la Sociedad
Venezolana de Oftalmología, visitó durante dos semanas
la clínica del Dr. Ernst Muldasev, en Ufa (República
de Bashkirskaia. 56º E, 55º N). Muldasev (228) era conocido
por sus transplantes de tejidos orgánicos. Serrano pudo observar
los pobres resultados que sus transplantes daban en pacientes con
retinitis pigmentosa, pero los sorprendentes buenos efectos en los
casos de reconstrucción de la superficie ocular. El tejido
que Muldasev aplicaba lo denominaba «tejido conjuntival»,
pero rehusaba explicar qué clase de tejido conjuntivo era,
aduciendo razones de patente. Serrano compró varias unidades,
y en seguida de retornar a Venezuela las aplicó en el hospital
Francisco Rísquez, de Caracas, cubriendo la superficie ocular
en casos de pterygion, quemaduras por álcalis y simbléfaron,
con resultados extraordinarios. Serrano y su discípulo Carlino
González (297,298,115) dieron algunas conferencias en la
República Dominicana, donde operaron varios casos con el
Dr. Juan Batlle. Tras algunos análisis histológicos,
descubrieron que el «tejido conjuntival» de Muldasev
era membrana amniótica (23). Desde entonces, ellos prepararon
sus propias membranas amnióticas conservándolas en
alcohol absoluto. En 1992, Juan Batlle traspasó este conocimiento
a Scheffer Tseng (24,188,232,78) quien trabajaba el Hospital Bascom
Palmer (Miami FL), y en 1993 lo publicó (25). Tseng (fig.
5) inició la época actual de la membrana amniótica
en oftalmología. Su interés, capacidad, habilidad
y efectividad en la impulsión de equipos de trabajo atrajo
la atención de los oftalmólogos e investigadores relacionados,
y desde 1995 sus continuas investigaciones y publicaciones (162,163,349,351,
261-263,371,188,264,214,215,351,352,257,216, 217,353,251,49,40,218-220,258,354-356,313-315,6,7,22,140,57,221,357,358,127,128,340,
129,211,82,315,359,139) sacaron nuevos resultados en el tratamiento
de la superficie ocular, y estimularon nuevos estudios en otras
áreas de la oftalmología.

Fig. 5. El Dr. Scheffer Tseng con dos de los autores de este artículo,
tras operar un paciente con queratomalacia mediante cobertura con
membrana amniótica, en el verano de 1997, en el Hospital
Ramón y Cajal, de Madrid.
USOS NO OFTALMOLÓGICOS DE LA MEMBRANA
AMNIÓTICA HASTA 1995
Simultáneamente al escaso número de publicaciones
sobre el uso de membrana amniótica en oftalmología,
aparecieron algunas sobre sus usos en otras especialidades clínicas.
El uso más frecuente hasta 1995 se dio en dermatología
para proteger y curar las quemaduras, úlceras y heridas cutáneas
(66,325,286,256,179, 346,255,60,369,34,30,86,269,2,266,307,373,
299,265,134,226,11,291,329,143,327,109). Ocasionalmente, estas lesiones
cutáneas también se trataron con corion (73).
Otros usos se publicaron en oto-rino-laringología, para
reconstrucciones de oreja (44), timpanoplastia en perforaciones
(385) y en substitución de mucosa nasal (385,184). En ginecología,
para tratar malformaciones congénitas, traumáticas
u oncológicas de la vagina (38,41,42,210, 342,341,330,209,63,16,242,337,243,9),
o para cubrir mastectomías (131). En estomatología,
para reformar la cavidad bucal tras ablaciones de la mejilla (186),
glosectomía total (175) o defectos vestibulares (133). En
digestivo, para reconstruir la pared abdominal (309), reparar onfaloceles
(111,336), cerrar fístulas entero-cutáneas (179),
gastrosquisis (272), parcheos intestinales (18), substitución
de peritoneo (342-344,112), prevención de adhesión
a otros tejidos (345,15) y esplenorrafia experimental (81). En urología,
para reconstruir la vejiga urinaria (245,94). En cardiología,
para cierres pericárdicos (229). En neurología, para
prevenir adhesiones meningo-cerebrales en accidente craneales (48),
reparaciones de dura mater (42,48,269) o utilizándola como
matriz para reinervaciones (67,65,43). En endocrinología,
para crear una cámara de difusión para islotes de
Langerhans en pacientes diabéticos (204) y en metabolopatías
(5,2,292). Y en artrología, para artoplastias de la cadera
(368).
USOS DE LA MEMBRANA AMNIÓTICA
EN OFTALMOLOGÍA DESDE 1995
La reconstrucción conjuntival fue uno de los primeros y
más importantes usos de membrana amniótica en casos
de causticaciones, síndromes de Stevens-Johnson, penfigoides,
extirpaciones conjuntivales tras melanosis, neoplasia, etc. (360,349,261,301,351,176,232,215,351,54,
180,51,362,114,104,288,75,219,220,77,295, 212,165,321,280,159,225,173,384,250,300,
157,27,72,296,365,315,253,35,146,160).
Para reconstrucción corneal, la membrana amniótica
se usó primero experimentalmente (162,163), y después
experimental y terapéuticamente en quemaduras, úlceras,
perforaciones, queratomalacia, queratocono, etc. (360, 361, 214,
237, 164, 177, 14, 120, 363, 267, 257, 258,49, 52, 178, 165, 355,
220, 136, 103, 193, 79,173,174, 326, 322, 225, 300, 7, 166, 213,
365,121,122,169, 238-240, 17, 95, 211, 53, 33, 160,377,198) (fig.
6).

Fig. 6. A: Córnea que ha desarrollado una queratomalacia
(corneal melting) tras un proceso autoinmune con opacificación,
vascularización y ulceración. No hay perforación
corneal, pues persiste la membrana de Descemet. B: Se rellenó
el área ulcerada con 4 capas de membrana amniótica
y su cubrió todo ello y el resto de la córnea con
una monocapa de membrana amniótica con el epitelio hacia
arriba. C: Se hizo una perilimbotomía conjuntival. Se cortó
toda la membrana amniótica que sobrepasaba el limbo sobre
la conjuntiva y sus bordes se introdujeron bajo la conjuntiva de
la perilimbotomía. Finalmente se suturó en toda la
circunferencia la membrana amniótica a la conjuntiva. D:
Tres meses después, la queratomalacia había desaparecido,
aunque persistieron la opacidad y vascularización corneal.
Hay conjuntivalización corneal.
La expansión limbal sobre membrana amniótica fue
introducida por Tsubota et al (360,361) y Tseng et al (350) como
substrato para cultivar células estaminales limbales del
epitelio corneal, o como substrato para auto- o alotransplantes
en casos de quemaduras, síndromes de Stevens-Johnson, aniridia,
penfigoides (262,351,302, 289,13,214,215,233,50,217,120,138,216,76,
149,347,273,258,6,12,171-174,357,334,221, 303,127,128,340,148,238-240,129,130,82,74,
211,335,253,83,359,276,196,197,139).
Otros usos oftalmológicos han sido en queratoplastias para
cubrir la córnea y la conjuntiva bulbar (224), en cirugía
refractiva, tras PRK y LASIK para reducir la inflamación,
la nebulosidad corneal, y para facilitar la cicatrización
(371, 372, 56,251,376), en pterygion (297, 261, 263, 302,1 04, 200,
190, 314, 224,304, 253, 35), en conjuntivochalasis (219,108,235),
en aniridia (351,193,1221, 148,276), en perforación escleral
(278,136), en glaucoma (fig. 7), para reparar o mantener las ampollas
filtrantes antiglaucomatosas, así como para reparar la superficie
ocular en tubos de drenaje expuestos (20, 21, 232, 100, 288, 22,258,40,
384,4), en cirugía palpebral para simbléfaron y entropion,
mejorando los fórnices conjuntivales (349, 232, 31, 302,
178, 333), en oculoplástica (fig. 8) para rellenar subcutáneamente
el surco orbito-palpebral en personas con él muy profundo
(231), y en ojo seco, para parchear los puntos lacrimales en lugar
de usar tapones plásticos (232,230,234,78) y para tratar
temporalmente lesiones de keratoconjunctivitis sicca (320).

Fig. 7. Glaucoma crónico simple que había sido tratado
con trabeculectomía y mitomicina C, con buen resultado inmediato.
Dos años después, la esclera se fistulizó espontáneamente,
bajando la presión intraocular a 0-3 mmHg y apareciendo un
edema macular. A: Se levantó la conjuntiva, se eliminó
el iris herniado (B), y se cubrió el área expuesta
con una capa doble de membrana amniótica (C), sobre la que
se repuso la conjuntiva. D: La ampolla filtrante se reformó,
manteniéndose presiones intraoculares entre 9 y 14 mmHg.

Fig. 8. A: Surcos órbito-palpebrales superiores profundos.
Marcado con lápiz dermográfico del lugar de apertura
de la piel y subcutáneo. B: Relleno del área abierta
con varias piezas de membrana amniótica de 3x3 cm plegada
sobre sí misma. C: Sutura de las piezas e membrana amniótica
en el lugar deseado. D: Aspecto meses después.
CARACTERÍSTICAS BIOLÓGICAS
DEL AMNION
Simultáneamente a estas aplicaciones clínicas, ha
habido una abundante investigación básica sobre anatomía
(64,37,367) microscopía electrónica (260,78), citoesqueleto
de las células epiteliales (247), filamentos intermediarios
(28), fibronectina de la matriz extracelular (195), integrinas (316,203,36),
histología de la membrana basal (381,45,78), tipos de colágena
(222,223,8), etc. El amnion sirve como membrana semipermeable para
estudiar el flujo de Mg en laboratorio (8), y para formar bolsas
que contengan islotes de Langerhans (204,84) que permitan su transplante
(110). La fuerza tensil de la membrana amniótica es muy alta,
debido a su contenido en colágena (205), llegando a entre
0,05 y 0,45 kg/cm (259) y alcanzando presiones de ruptura de 393
a 900 mmHg (202).
La antigenicidad del amnion es escasa, y por ello no desencadena
reyección inmunológica. El epitelio de la membrana
amniótica expresa escasamente antígenos HLA y DR,
o beta2-microglobulinas (73,116,85,5,2,375,150,135,181). El citoesqueleto
y la matriz estromal también muestran una escasa antigenicidad
(375). La antigenicidad de la córnea y del amnion tienen
bastante similitud (59,294) y el epitelio limbal no reacciona contra
la membrana amniótica (152). Esta escasa antigenicidad también
es característica del amnion de otros animales, como los
bóvidos (269), pero es preferible usar membranas amnióticas
humanas porque son más fáciles de obtener en los hospitales
mediante cesáreas programadas. En contraste con el amnion,
el corion es bastante antigénico y provoca un fuerte rechazo
en los transplantes alogénicos (73).
Los altos niveles de muchos factores de crecimiento y de mediadores
mitogénicos de la membrane amniótica promueven la
epitelización de la superficie corneal (151,270,152,328,147,375,
306,3,301,290,353,374,189,190,359,170,190, 178,311,57,27,378,340,359,139,191).
Por el contrario, la membrana amniótica inhibe la neovascularización
corneal y conjuntival (46,162,163,3,137,169,201,144).
Se ha estudiado la producción y acción del amnion
en leucotrienos (271), prostaglandinas (158,113,284,312), interleukinas
(284,90,282, 306,249,161,154,313), enzimas (29,2,254,118, 338,339,62,227,164,237,153,274),
y su contenido vitamínico (246).
La acción antiinflamatoria del amnion ha sido reiteradamente
evidenciada (60,343,237,137, 305,281). No obstante, se ha publicado
un caso en el que repetidos recubrimientos corneales con membrana
amniótica del mismo donante provocó hipopión
que fue curado con corticosteroides (103), sugiriendo el autor el
uso de diferentes donantes cuando haya que aplicar varios transplantes.
La cicatrización bajo el transplante de membrana amniótica
es bien controlada, reduciéndose la proliferación
fibroblástica, y la cicatriz exuberante (60,343,188,301,379).
Se ha comprobado en conejos que la membrana amniótica reduce
la nebulosidad tras keratectomía fototerapéutica (371,372).
La migración del epitelio corneal y conjuntival sobre la
membrana amniótica es fácil (163,301, 188,380,47,101,172,221,238),
siendo usada como anteriormente se citó, para inducir la
expansión de células limbales estaminales. El amnion
también se ha usado como substrato para cultivar y expandir
diversos tipos de células, como pneumocitos (199), keratocitos
(83) endotelio vascular (192) o células epiteliales de diversos
tipos, como dérmicas, traqueales y bucales (60,343,331,244).
La unión de estas células epiteliales a la membrana
amniótica es firme (316), posiblemente por la similitud composicional
en colágena tipo V de la membrana basal de estas células
y de la membrana amniótica (222). El epitelio que migra y
se extiende sobre la membrana basal amniótica mantiene sus
caracteres diferenciales propios (182). La posibilidad de una transdiferenciación
epitelial (es decir, la transmutación de las características
propias del epitelio transplantado por las de otro epitelio), que
se sospechó hace unos años, no ocurre (182,262,55).
Una acción antibacteriana no específica ha sido confirmada
(132,370,106,268,277,343,329, 249,153,98,104,167,168,166) así
como una cierta acción antiviral (88,89,141,142). La membrana
contiene péptidos interferón, con propiedades antiviral,
inmunomoduladora y antiproliferativa (88, 89,329,98,167).
CÓMO PREPARAR LA MEMBRANA AMNIÓTICA
PARA SU IMPLANTACIÓN
Las técnicas de preparación y conservación
de membrana amniótica para su implantación quirúrgica
han variado ampliamente (99). La primera preparación de membrana
amniótica para uso dermatológico fue hecha en 1913
por Sabella (286), quien separaba el amnion del corion, y mantenía
la vitalidad del amnion en solución salina fisiológica
durante 72 horas, usándola para tratar quemaduras y heridas
cutáneas. La primera preparación para uso oftalmológico
la publicó De Rötth en 1940 (68). Este autor tomó
las membranas fetales de espesor total (amnion más corion)
de mujeres Wassermann negativas que daban a luz por cesárea,
y las conservó en en solución Locke templada durante
1 a 15 horas, hasta usarla en pacientes para reconstruir su superficie
ocular. Durante la segunda Guerra mundial, Chao (48), aisló
membrana amniótica, la sumergió en alcohol al 70%,
la secó al calor de una estufa, y finalmente la almacenó
en alcohol al 70%, usándola más tarde para cirugía
craneal. A esta membrana así preparada la denominó
«amnioplastina». Unos años después, el
London Hospital preparó «amnioplastina» con un
método diferente (185,317-319): la membrana amniótica
era separada de la coriónica, lavada al agua corriente y
sumergida en una solución saturada de sal común durante
12 horas. Después era lavada en agua destilada durante 10
a 30 minutos, y sumergida en solución de hidróxido
potásico al 0,75% durante al menos 30 min hasta que la membrana
quedase libre de álcali. Después era sumergida en
agua destilada durante 12 horas. Finalmente la membrana era extendida
sobre un marco de madera, secada a temperatura doméstica,
esterilizada por calor seco a 150ºC durante una hora, y almacenada
estéril en una envuelta de celofán, plegada en cuatro
capas de 25x25 mm cada una.
La siguiente preparación que se conoce para uso oftalmológico
es la de Muldasev en la década de los 1980, quien conservaba
la membrana amniótica en una vial con etil-alcohol (297,298,78).
En la década siguiente, desde 1993-5, las primeras preparaciones
del equipo de Tseng en Miami (162,163,188) tomaban la placenta y
membranas fetales de partos por cesárea de madres que eran
seronegativas para sífilis, SIDA, y hepatitis B y C. Inmediatamente,
la introducían en una bolsa estéril y la transportaban
al laboratorio, donde en condiciones de asepsia, preferentemente
en una cámara de corriente lamelar estéril, la limpiaban
de coágulos, vernix caseosa, meconio y cualquier otro resto
fetal, hasta dejarla macroscópicamente limpia, usando para
ello una solución salina conteniendo penicilina (50 µg/ml),
estreptomicina (50 µg/ml), neomicina (100 µg/ml), y
amfotericina B (2,5 µg/ml) (349), otros autores usaron
simplemente solución salina (343) o BSS con diversos antibióticos
(51). El amnion es separado del corion por simple tracción
manual en direcciones opuestas (fig. 9), lo que resulta fácil
debido al espacio virtual que existe entre ambas membranas. El corion
se desecha, y el amnion se extiende y aplana sobre una hoja de papel
de filtro de nitroceluosa dejando su superficie epitelial hacia
arriba y la matriz estromal, pegajosa e irregular, en contacto con
el papel. El papel de filtro con el amnion adherido se corta en
cuadrados o en discos de aproximadamente 3-4 mm de anchura, y cada
fragmento se introduce en un vial conteniendo glicerol al 100% a
4ºC durante 1 semana. Este preservante se cambió poco
después por una solución a partes iguales de glicerol
y medio de Dulbecco-Eagle, y la temperatura de almacenamiento se
cambió a -80ºC.

Fig. 9. A: Bolsa fetal, formada por la placenta, membranas fetales
(amnion y corion) y cordón umbilical. B: Separación
manual del amnion y el corion, empezando por la zona de ruptura
espontánea de la membrana y continuando por la zona placental.
La crio-conservación a -80ºC tiene la particularidad
de que a esta temperatura la actividad mitocondrial es prácticamente
nula. Se han usado diversas soluciones conservantes. Shimazaki et
al (301) lavaban la membrana fetal completa con solución
salina fisiológica complementada con antibióticos,
separaban después el amnion, lo cortaban en piezas de 3x3
cm, que finalmente introducían en frasquitos de plástico
que contienen dimetil sulfóxido, que después mantienen
hasta su uso a 80ºC. Adds (1) introduce las piezas de
membrana amniótica en una solución al 50% de glicerol/solución
salina balanceada de Hank, que conserva después a -80ºC.
Nosotros (234) hemos usado frecuentemente como medio de almacenaje
K-Sol, DexSol u Optisol, habitualmente usados para córneas
para transplante, y los hemos conservado a 80ºC.
La membrana amniótica humana tras estar un mes a -80ºC
mantiene altos niveles de diversos factores de crecimiento (188,301,262,170).
La crio-conservacion a 20ºC es usada por muchos cirujanos
porque es la temperatura de los congeladores de los frigoríficos
comerciales más accesibles. A esta temperatura las células
mantienen su vitalidad menos tiempo que a 80ºC porque
la actividad de los enzimas mitocondriales no queda completamente
bloqueada, y se desarrolla una progresiva destrucción enzimática
de la membrana. Muchos cirujanos sólo utilizan esta membrana
durante el primer mes de conservación porque durante él
su acción bioquímica y su fuerza tectónica
se mantienen casi intactos. Así, Kruse (178) puso membrana
amniótica en un medio a partes iguales de glicerol y de Dulbecco-Eagle,
y la crio-preservó a 20ºC, o en nitrógeno
líquido (cuyas temperaturas suelen ser mucho más bajas,
de hasta 195ºC), observando que las células de
la membrana se desvitalizaban. La desvitalización a 20ºC,
según algunos autores (380,178), hace que cuando la membrana
se aplica a la superficie ocular como substrato de expansión
para el epitelio limbal, éste se extienda rápidamente
sobre la membrana amniótica.
La crio-conservación a +4ºC se utilizó por primera
vez, a nuestro saber, por Dino et al (70) en 1966, para conservar
membrana en un Banco de Amnion para uso en cirugía general.
Estos autores introducían el amnion en solución salina
isotónica a la que añadían un 0,25% de hipoclorito
sódico y 200.000 unidades de penicilina, y la almacenaban
a 4ºC. Este método se extendió bastante, pero
no se usó en oftalmología. Se elige la temperatura
de 4ºC, porque es a la que el H2O tiene su mínimo volumen
(y por consiguiente su máximo peso en relación con
un volumen dado. Ésta es la razón de que el hielo
flote sobre el agua), y no altera apreciablemente la estructura
histológica. Según algunos autores la membrana así
conservada puede desencadenar mayor rechazo inmunológico
debido a una mayor expresión antiigénica de la matrix.
La crio-conservación a 4ºC mantiene la vitalidad de
las células epiteliales durante varios días, con un
máximo de un mes (97), dependiendo este tiempo del medio
de almacenamiento usado. Hoy día el líquido de conservación
más usado es el de Dulbecco-Eagle con glicerol, a partes
iguales, pero hay cirujanos que prefieren solución salina
isotónica adicinada con polimixina, ampicilina, gentamicina
y anfotericina B (343), solución de glicerol (206), o solución
CPTES conteniendo 2,5% de condroitín sulfato (1) a 4ºC.
La conservación a temperatura doméstica (²23±7ºC)
era la utilizada para la «amnioplastina» de Chao (48),
Sorsby (317-319) y Lavery (185) y para el «alotransplante
conjuntival» de Muldasev (297,298), y su forma de preparación
cambia según los distintos gestores. Rao et al (269) tomaban
el amnion de la superficie placentaria a corta distancia de donde
emerge el cordón umbilical. Lo limpiaban con solución
salina conteniendo algo de hipoclorito cálcico, lo extendían
sobre una lámina de plástico y lo secaban al aire
ambiente. Después lo introducían en una bolsita de
politeno, cuya abertura sellaban a continuación. Las bolsitas
eran esterilizadas con luz ultravioleta o con rayos gamma. La liofilización
de las membranas (44,323,224) y la esterilización por radiación
(269,364,207,224) se usan desde hace bastantes años para
cirugías no oftalmológicas, y sólo raramente
en oftalmología. Las membranas amnióticas comerciales
son algo difíciles de distribuir congeladas, y por ello generalmente
se preparan para mantenerse a temperatura ambiental normal, ya inmersas
en alcohol etílico, ya deshidratas por liofilización.
La experiencia ha mostrado que mantienen una buena capacidad física
tectónica y muchas de sus propiedades biológicas.
Otras preparaciones de amnion son los extractos de membrana amniótica
y el líquido amniótico. El extracto de membrana amniótica
fresca mantiene una actividad enzimática alta. Se ha usado
en forma de suspension homogeneizada de membrana amniótica
conservada a 80ºC, aplicándola en pacientes con
úlceras corneales neurotróficas, úlceras corneales
tórpidas de más de 4 meses de duración, quemaduras
corneales, queratotransplantes, y síndromes de Sjögren
con manifestaciones clínicas graves, usándola a dosis
de 2 gotas, sex in die, durante 2-4 semanas. A los 15-20 días
de uso, las córneas suelen mejorar y hacerse fluoresceín-negativas
(96, 292,237).
El líquido o fluido amniótico se ha usado también
en enfermedades de la superficie ocular. Durante el embarazo el
líquido de la bolsa de las aguas circula continuamente, con
una renovación (turnover time) que al final del embarazo
es de 14 1/2 horas (156). Cuando se usa tópicamente en colirio
reduce la neovascularización corneal (144), estimula la re-epitelización
(145) en ratones, y aumenta la regeneración nerviosa en las
keratectomías con láser (187,287). También
es bacteriostático (104,370).
Transmisión de enfermedades. Se ha documentado ocasionalmente
la transmisión de enfermedades padecidas por la madre donante
de la membrana amniótica (310). La serología materna
debe analizarse antes del parto, especialmente para las enfermedades
maternas transmisibles más frecuentes o peligrosas, como
sífilis, SIDA y hepatitis A y B. Además, el parto
es aconsejable que sea por cesárea para minimizar la posibilidad
de infección de la bolsa de las aguas en un parto transvaginal.
Han sido muchos los transplantes de membrana amniótica de
madres seronegativas que se han efectuado inmediatamente tras el
parto con membranas no conservadas (26,107,248,212, 213,365). Sin
embargo, existe la posibilidad de que alguna de estas madres sea
seronegativa en el momento del parto, pero pueda haberse infectado
algunas semanas antes y aún no sea analíticamente
seropositiva pese a padecer ya una enfermedad transmisible. Por
ello, debe conservarse la membrana por cualquiera de los métodos
descritos durante 3-6 meses después, preferiblemente 6 (1);
después, repetir la serología de la madre, y si sigue
siendo negativa, efectuar entonces el transplante de la membrana.
Por ello en consentimiento informado de la madre donante debe incluir
que, si no cambia de opinión, deberá repetir el análisis
de sangre unos meses después (87).
La actividad biológica del epitelio de la membrana preservada
depende del método de conservación utilizado. El epitelio
amniótico es el principal productor de líquido amniótico
(367,135) y de la mayoría de los factores con acción
biológica de la membrana, tales como estimuladores neurotróficos
(366), mediadores de apoptosis (285), reguladores de prostaglandinas
(284,161) factores de crecimiento varios (170,287,366), endotelina-1
y leukotrienos (46,271), enzimas (2,62,227), moléculas de
adhesión intercelular (8,208) e inhibidores de las respuestas
inmunes innata y adaptativa (194).
El epitelio de la membrana amniótica preservada, ya sea
por crio-conservación a 80ºC (188, 178,78,1) ya por
otro método, se considera que modifica y pierde las características
biológicasdel epitelio normal y se hace no viable. Sin embargo,
esta falta de viabilidad del epitelio no es esencial para su efectividad
biológica (78) y de acuerdo a algunos autores, cuando la
membrana amniótica ha sido denudada de sus células
epiteliales, el epitelio corneal del receptor se extiende mejor
sobre la membrana transplantada que cuando el epitelio amniótico
aún persiste, como ha demostrado Koizumi (172) en el conejo.
Este artículo termina con la figura 10, que muestra el estado
del epitelio amniótico, determinado por citología
de impresión, después de la conservación a
80ºC. En un trasplante amniótico sobre la superficie
ocular, suponemos que se suman tres causas para la pérdida
de la capacidad mitótica e inviabilidad del epitelio: 1,
una muerte celular apoptótica genéticamente programada
hacia la fecha del parto para un epitelio cuyas funciones se terminan
en esas fechas; 2, el daño inducido por el método
de conservación, y 3, el ambiente agresivo de la cuenca lacrimal,
que lo somete a un daño físico y a una película
lacrimal impropia para el endotelio amniótico.

Fig. 10. Citología de impresión del epitelio de la
membrana amniótica. Tinción con hematoxilina-eosina.
Aumento original x40.
A. Membrana introducida en glicerina y medio de Dulbecco-Eagle al
50/50% y mantenida congelada a -80ºC (método de Lee-Tseng
188) durante dos años. Tras los dos años la membrana
fue descongelada, y el mismo día hecha la citología
de impresión de esta imagen.
B. Después, la membrana volvió a ser introducida en
un nuevo medio de glicerol/Dulbecco-Eagle que se mantuvo a temperatura
habitacional, y que se revocó cada 7 días, durante
dos meses. Esta imagen muestra la citología de impresión
a los 7 días de la descongelación.
C. 14 días tras la descongelación.
D. 30 días tras la descongelación.
E. 45 días tras la descongelación.
F. 60 días tras la descongelación.
Un nuevo uso del cordón umbilical es el de reservorio de
células madres del feto para su posible uso en medicina regenerativa.
La más reciente información sobre ello puede recogerse
en Martínez Urionabarrenetxea K. Ética y bancos de
cordón umbilical. JANO, 16-22 junio 2006; 1613: 76-78.
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